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Los Datos de la Coca 
El registro del cultivo y su destrucción 

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Los datos crean narrativas, políticas y leyes. Aclaran, pero también obstruyen y son una fuente de violencia. Le dan forma a la tierra. Para este caso, examinamos la producción de datos sobre la violencia de la erradicación forzada de la coca en la Amazonía Colombiana. Las imágenes de la coca capturadas por satélites, fotografías y mapas, crean un complejo de información que convierte a la planta en un enemigo clandestino a ser eliminado. Desde el momento en que la coca fue prohibida, su existencia y destrucción han sido cuantificadas y documentadas, sin embargo, la mayoría de estos registros siguen clasificados o inaccesibles para el público. 

Este proyecto pone en cuestión los datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, el Departamento de Estado de EE.UU., la Agencia Antidrogas de EE.UU., el Ministerio de Defensa de Colombia, entre otros. Usamos redes neuronales artificiales para procesar imágenes satelitales, trabajamos con agricultores cocaleros y comparamos nuestro análisis con los resultados oficiales. Demostramos que existe una  falta estructural de transparencia así como fallas críticas en los métodos de captura y cuantificación de la coca desde sus inicios, así como el efecto de estas fallas en el escalamiento de la violencia en la guerra contra las drogas. Un pasado violento que resulta crucial para comprender la geopolítica del presente.

Mapa de Colombia mostrando las ubicaciones de esta investigación: los departamentos de Guaviare, Putumayo, Meta y Caquetá con la base militar de Larandia, utilizada como base de operaciones para la fumigación aérea en los departamentos del sur del país.

(Plano Negativo, 2025)

Guaviare: erradicación de coca, deforestación & ganadería

El Píxel y la Parcela, Plano Negativo, 2025

El Píxel y la Parcela, Plano Negativo, 2025

El Píxel y la Parcela, 2025, 17 min. (Plano Negativo, 2025)

La fumigación aérea con herbicidas en América Latina se remonta a la década de 1970 y fue impuesta por Estados Unidos en el marco de la estrategia de la Guerra Fría. Aunque el primer registro en Colombia del uso de herbicidas para la erradicación es de 1978, las décadas de documentación sobre esta práctica han sido ocultadas al público, a pesar de que se convirtió en el método principal para combatir la marihuana, la coca y la amapola.

En este proyecto analizamos la pequeña fracción de estos datos que ha sido desclasificada, intentando verificarla con comunidades campesinas que han estado sometidas a la erradicación desde principios de la década de 1980. Igualmente, trabajamos con científicos de detección remota satelital para comprender el vínculo entre la erradicación, la deforestación y la ganadería en el departamento de Guaviare, una de las regiones más intensamente fumigadas del país.

Vista ampliada de la región de estudio  en el departamento del Guaviare, en la Amazonía colombiana. Este mapa es el resultado del análisis de percepción remota, que combina los centroides de fumigación (blanco), coca (verde), ganadería (rojo) y deforestación (gris). El espectro de estos colores abarca desde el año 2000 hasta el 2024.

(Plano Negativo, 2025)

Archivo I: Registros del Departamento de Estado de EE.UU.

Los documentos aquí presentados fueron obtenidos a través de la Ley de Libertad de Información (FOIA). La solicitud se hizo en 2018, solicitando al Departamento de Estado de los Estados Unidos, la entidad que conserva los registros de fumigación aérea realizada en Colombia, todos los registros de parámetros de aeronaves de las misiones de erradicación, correspondientes a la totalidad de las operaciones entre 1994 y 2015, año en que se suspendieron. Esta solicitud abarcó mapas de las rutas de vuelo, fotografías aéreas y material audiovisual tomado desde los aviones durante las misiones, así como registros de datos con la fecha y coordenadas GPS de cada vuelo.

 

Los registros recibidos documentan lo que parece ser un único evento de fumigación: un experimento realizado sobre una base militar en el departamento de Caquetá llamada Larandia, que se utilizaba como centro de operaciones de erradicación para los departamentos del sur del país. No se adjuntó ninguna explicación a estos documentos; se presentan aquí con sus nombres de archivo originales.

24 archivos seleccionados de los Papeles de DynCorp se muestran aquí para su consulta. El repositorio completo de los DynCorp Papers está disponible aquí.

Los documentos también evidencian la evolución de las tácticas de erradicación y  las tecnologías visuales utilizadas como método de verificación. Verificar la erradicación cuantificando la supervivencia o destrucción de la planta de coca se convirtió en un elemento de controversia entre los gobiernos de Estados Unidos y Colombia en la década de 1990. Para 1995, los documentos de DynCorp detallan un desacuerdo entre ambos gobiernos en torno al número de hectáreas de coca que cada uno cuantificó,  planteando abiertamente un debate sobre la metodología adecuada para medir la presencia de coca y la erradicación de la planta. Estados Unidos estimaba la coca a partir de imágenes aéreas y satelitales de alta resolución, mientras que el gobierno colombiano restaba la superficie total de hectáreas rociadas con herbicidas para calcular el cultivo anual. Esto llevó a estimaciones más moderadas de la planta eliminada por parte de Estados Unidos, lo que enojó al gobierno colombiano y resultó en la firma de un "Protocolo de Verificación" entre los dos países en 1996, que estableció los términos para cuantificar la planta, su cultivo y su destrucción. Para 1997, el gobierno colombiano seguía insatisfecho con las cifras calculadas por Estados Unidos y solicitó que se realizara una evaluación independiente. Estos documentos demuestran que los métodos de detección de coca fueron una fuente de conflicto incluso antes de que la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito comenzara a realizar sus estudios (ver Parte II para esta discusión). Lo que también queda claro es el nivel de importancia de los datos detallados que cada vuelo de fumigación recogía sobre las misiones de erradicación; más allá de la trayectoria de vuelo específica, la velocidad y el volumen del herbicida aplicado, estas misiones estaban equipadas con cámaras, a veces también videocámaras, destinadas a grabar los vuelos y documentar los efectos de los herbicidas sobre el terreno.

Una de las preguntas que buscamos responder es qué se puede entender sobre la fumigación, comparando este conjunto de datos muy parcial con imágenes satelitales. Dada la falta de datos, es difícil determinar el efecto específico de un evento de fumigación o de varios eventos de fumigación en una sola área. Ya que no se sabe cuándo ocurrió el primer caso de erradicación en un centroide en particular, intentamos determinar la primera fecha en la que se puede detectar coca en las coordenadas del punto. En la mayoría de los 3,012 puntos, la primera ocurrencia de coca pudo ser detectada entre 2000 y 2015, el periodo de tiempo del Plan Colombia. En 974 centroides no pudimos detectar coca alguna. 

Investigación de Percepción Remota

Fotograma de vídeo- una planta de coca en Putumayo vista en infrarrojo.

(Plano Negativo, 2025)

Serie temporal de capas de detección y centroides de fumigación sobre imágenes satelitales de Landsat 5, Landsat 7, Landsat 8 y PlanetScope, utilizando las bandas infrarroja, roja y verde.

(Plano Negativo, 2025)

Usamos datos satelitales de fuente abierta y clasificamos el uso del suelo en bosque, coca o ganado entre 1985 y 2024. Analizamos estas transformaciones y su relación a los centroides entregados por el Ministerio de Defensa. El cultivo de coca es a menudo culpado como un principal impulsor de la deforestación. En este análisis de seguimiento de la transformación del suelo alrededor de cada punto, demostramos que esta es una idea errónea que conduce a la estigmatización de la planta. Mostramos no solo que la ganadería es la principal fuerza de deforestación en la región, sino que se encuentra relacionada al proceso de destrucción que genera la erradicación forzosa.

Clip de el Pixel y la Parcela

(Plano Negativo, 2025)

CombinedGuaviareMap_BigConvention.png

Mapa 5: Este mapa muestra la dinámica combinada de la coca, la ganadería y la deforestación entre 2000 y 2024, superpuesta con los centroides de fumigación.

(Plano Negativo, 2025)

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F-2019-00271 - Final Response+ar-PN2.jpg
F-2019-00271 - Final Response+ar-PN.jpg

F-2019-00271 - Final Response+ar.pdf

(Departamento de Estado de EE.UU., 2024)

Esta serie de mapas separa cada dinámica (coca, ganadería y deforestación) para permitir al espectador observar las transformaciones sobre el territorio del Guaviare. Viendo los mapas de coca y ganado, por ejemplo, la diferencia en escala de transformación entre ambas es evidente. La expansión de ganadería es tan masiva que desaparecen las parcelas de coca cuando aparecen juntos en el mapa 5 debajo.

Más allá de los centroidess de fumigación, podemos ver la progresión de la coca al ganado que prevalece en gran parte de la frontera de deforestación en el Guaviare. El Mapa 7 muestra parcelas de coca que han sido transformadas a ganadería entre el año 2000 y 2024.

(Plano Negativo, 2025)

Mapa 8: muestra la clasificación de Coca, Ganado, y Bosque en 2024 de cada píxel bajo los centroides de fumigación como fueron detectados por nuestro conjunto de datos. 8% de los centroides de fumigación ahora tienen coca, 58% de ellos ahora son ganado, y 34% son ahora bosque.

(Plano Negativo, 2025)

Zoom of remote sensing detection layer in the Guaviare department
Archivo II: Los Papeles de DynCorp
Archivo III: centroides de fumigación de DIRAN

En 2020, como parte de la investigación sobre los efectos de la guerra sobre las comunidades Nukak en el departamento del Guaviare, la Comisión de la Verdad de Colombia presentó una petición al Ministerio de Defensa Colombiano de todos los registros de fumigación en la región. Lo que el Ministerio le entregó a la Comisión fue un PDF con lo que describen como “centroides de las líneas de aspersión”, que son coordenadas GPS sin una fecha exacta atada a ellos. Sabemos, leyendo los archivos del Departamento de Estado de EE.UU. y los documentos de DynCorp que cada vuelo de fumigación contiene un alto nivel de detalle incluyendo fechas específicas, hora del día, altitud, velocidad, volumen del herbicida utilizado. Al comparar estos dos archivos sabemos que  los datos entregados a la Comisión de La Verdad por el Ministerio de Defensa fueron extremadamente parciales. Con esta pequeña porción de los datos, viajamos al Guaviare para verificar qué ocurrió en estos puntos. De acuerdo con residentes de las zonas, los puntos que pudimos visitar sí tuvieron coca en algún momento. Muchos puntos fueron parcelas de coca que habían sido fumigadas varias veces a través de las décadas. Luego de verificar, buscamos entender que ocurrió en estos puntos a escala regional a través de un estudio de percepción remota.

Respuesta del Ministerio de Defensa a la Comisión de La Verdad, y el pdf completo conteniendo los 3012 “centroides”

(DIRAN, 2021)

Map of fumigation Centroids by date of first coca detection in Guaviare

Mapa 1: Los centroides de las zonas fumigadas que fueron entregados a la Comisión de la Verdad de Colombia por el Ministerio de Defensa organizados de acuerdo a la primera fecha en la que coca fue detectada en el punto.

(Plano Negativo, 2025)

Los píxeles bajo cada centroide cuentan una historia diferente de la transformación del suelo. El video anterior muestra la historia de uno de estos puntos. En el centroide 1520, se detectó coca por primera vez en 2003. De este año en adelante, parcelas de coca alrededor aparecen y desaparecen. En 2018, se registra un evento de deforestación en el centroide y hay una amplia conversión de bosque a ganado cerca del punto, que crece hasta cubrir toda la zona en 2024.

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CocaToCattleGuaviareMap_BigConvention.png
ArchetypesGuaviareMap_BigConvention.png
PixelPlotStill_Archetype.png

Debido a que no contamos con la fecha ni la frecuencia de los eventos de fumigación en cada punto, las consecuencias directas tras un evento de fumigación no pueden determinarse únicamente con estos datos a nivel local. Para lograr una mayor comprensión de cómo estas dinámicas han interactuado entre sí a lo largo de los años a escala regional, emprendimos un estudio de arquetipos. Esta es otra forma de referirse a patrones. Dividimos el departamento en celdas de 900 por 900 metros y buscamos patrones en la transformación del suelo.

Utilizamos las siguientes métricas para analizar cada celda:

 

(1) Línea base del bosque

(2) Bosque a ganado
(3) Bosque a coca

(4) Ganado a coca

(5) Coca a ganado

(6) Coca a bosque

(7) Ganado a bosque


Las métricas de cada celda se utilizan como insumos para un algoritmo de agrupamiento (clustering), el cual agrupa las celdas según patrones espacio-temporales similares. Las zonas sin color no pudieron ser clasificadas en ningún grupo.

Fotograma de video- una celda de 900x900 metros que no pudo ser categorizada en ningún arquetipo,rodeada de celdas clasificadas en uno de cuatro arquetipos.

(Plano Negativo, 2025)

Este proceso clasificó al Guaviare en cuatro arquetipos que nos permiten ver cómo la actividad humana influye y modifica el paisaje a lo largo del tiempo. Encontramos que el 83% de los centroides se situaron en tres de los cuatro arquetipos identificados. Estos tres grupos tienen en común una alta cantidad de cobertura forestal inicial y un porcentaje similar de transición de bosque a coca. La diferencia entre ellos radica en la cantidad de deforestación causada por la ganadería.

 

La investigación muestra que dentro de la deforestación alta y media por ganadería (arquetipos 1 y 3) también hubo una alta rotación de coca a ganadería. Al observar los píxeles que cruzan cada centroide de fumigación en 2024, podemos ver que 247 siguen siendo coca, 1.746 son ahora ganadería y 1.019 son ahora bosque (Mapa 8). La gran cantidad de centroides de fumigación correspondientes a grupos con alta deforestación indica una posible conexión entre la fumigación y esta forma de destrucción.

Mapa 6: Centroides de fumigación sobre celdas de 900x900m de acuerdo a su arquetipo.

(Plano Negativo, 2025)

Para visualizar las transformaciones de la tierra a lo largo del tiempo, apilamos las capas de detección alrededor de los centroides de fumigación en un eje vertical, produciendo un paisaje tridimensional en el cual el tiempo fluye hacia abajo. El análisis por teledetección normalmente se representa en dos dimensiones, con capas temporales que interactúan en el plano 2D. La temporalidad, cuando se aplana en una imagen fija en 2D, se vuelve difícil de entender. El desafío de analizar el bosque mediante imágenes aéreas o satelitales es que siempre se está mirando hacia el pasado, observando un paisaje en continua transformación. Para capturar y entender el tejido forestal en constante cambio necesitamos múltiples imágenes a lo largo del tiempo, preferiblemente en intervalos cortos; lo que se conoce como alta resolución temporal. Al transformar los píxeles de cada imagen en objetos 3D, la transformación de la tierra a lo largo del tiempo se vuelve más legible.

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Una representación 3D de píxeles de imágenes satelitales de Landsat con una resolución de 30 metros por pixel transformándose de coca a ganadería alrededor del centroide de fumigación 1118.

(Plano Negativo, 2025)

Representación 3D de la transformación del paisaje a lo largo del tiempo. Los píxeles detectados en las imágenes satelitales de Landsat se transforman luego en estructuras 3D que muestran coca (verde), ganado (melocotón) y deforestación (gris).

(Plano Negativo, 2025)

Teledetección en 3D

En este paisaje de píxeles en 3D, podemos ver cómo la deforestación y la ganadería consumen el entorno, dominando la imagen.

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Mapa 8

Los "Papeles DynCorp" son una colección de documentos desclasificados compilados por el National Security Archives, una organización dedicada a la desclasificación de información, para la Comisión de la Verdad de Colombia. Este archivo nos ayudó a entender que la fumigación aérea no puede desligarse de la historia de la contrainsurgencia en Colombia, sino que es la bisagra que articula la Guerra contra las Drogas y el conflicto armado interno.

 

DynCorp fue un contratista militar que el gobierno de Estados Unidos utilizó para apoyar la campaña de fumigación aérea en Colombia. A partir de 1991, DynCorp proporcionó servicios de aviación, incluyendo pilotos, aeronaves, entrenamiento y mantenimiento. A finales de los años noventa, DynCorp comenzó a apoyar las operaciones de la Brigada Antinarcóticos del Ejército Colombiano, respaldada por Estados Unidos. A principios de la década de 2000, DynCorp proporcionó apoyo directo a las operaciones militares colombianas más sensibles, incluidas muchas destinadas a matar o capturar a altos mandos insurgentes y narcotraficantes.

Al comparar estos dos archivos sabemos que  los datos entregados a la Comisión de La Verdad por el Ministerio de Defensa fueron extremadamente parciales.

El cultivo de coca es a menudo culpado como un principal impulsor de la deforestación. En este análisis de seguimiento de la transformación del suelo alrededor de cada punto, demostramos que esta es una idea errónea que conduce a la estigmatización de la planta. Mostramos no solo que la ganadería es la principal fuerza de deforestación en la región, sino que se encuentra relacionada al proceso de destrucción que genera la erradicación forzosa.

La gran cantidad de centroides de fumigación correspondientes a grupos con alta deforestación indica una posible conexión entre la fumigación y esta forma de destrucción.

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Datos de UNODC: Una guerra de Píxeles

Autores: Hannah Meszaros Martin (Plano Negativo)

Paulo Murillo Sandoval (Universidad de Tolima)

Jamon Van Den Hoek (Oregon State University)

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Figura 1: Ampliación de subconjunto de imágenes satelitales del árbol de decisión en la sección de metodología del informe anual de Monitoreo de Cultivos de Coca de la UNODC de 2010 (imagen completa a la derecha). Aunque el árbol de decisión se presenta en una resolución demasiado baja para ser leído, deducimos al leer la metodología que esta imagen se pretende utilizar para mostrar el contraste entre coca y no-coca en la fase inicial de identificación en campo.

(UNODC, 2011)

El éxito o fracaso de la Guerra contra las Drogas financiada por Estados Unidos en Colombia ha girado en torno a una forma de medición en particular: la hectárea. Cada año, el SIMCI (Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos), un programa de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), produce un Censo de Coca que informa el número total de hectáreas cultivadas. Estos informes han sido fundamentales para que los responsables de diseñar las políticas en los gobiernos colombiano y estadounidense, los medios de comunicación y el público en general evalúen el éxito o fracaso de la Guerra contra las Drogas. Sin embargo, su análisis ha estado sujeto a múltiples debates, controversias en torno a su metodología  y el impacto en las políticas y estrategias de antinarcóticos del país.

El método de SIMCI

El programa SIMCI se inició en 1999 y desde su nacimiento hasta el presente ha utilizado tecnologías de detección remota para monitorear el cultivo de coca. Su método combina imágenes satelitales y vuelos de reconocimiento para mapear y rastrear cultivos de coca, marihuana y amapola.

 

Para esta investigación, analizamos los documentos —principalmente informes y encuestas— producidos por SIMCI sobre el cultivo de coca desde 1999 hasta el presente para entender la metodología del programa y su evolución (los censos anuales de coca están disponibles desde el 2002, que detalla el monitoreo de coca del año 2001). 

 

El primer hallazgo de este análisis es que las descripciones metodológicas de los diferentes informes carecen de detalle, son opacas y confusas en su redacción. Los datos utilizados para el diseño de la metodología no son de acceso público y los informes contienen imágenes ambiguas —como las que incluimos en las figuras 1, 3, 4, y 5— que no permiten replicar sus métodos para identificar y cuantificar la coca. Por todas estas razones, la metodología de SIMCI no se puede verificar en su totalidad, por lo menos hasta que no exista una política de transparencia de la información al público.

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Figura 2: Comparación de un píxel de resolución espacial entre 30 y 2.5 metros sobre una mosaico de PlanetScope de 5m de resolución del departamento de Guaviare en 2025.

(Plano Negativo, 2025)

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Figura 3: Imágenes y texto tomados del informe de Monitoreo de Cultivos de Coca del UNODC de 2012, comparando la resolución espacial de dos satélites sobre el mismo sector.

(UNODC, 2013)

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Figura 4: Imagen del capítulo de metodología del reporte anual de Monitoreo de Cultivos de Coca del UNODC. La imagen aparece por primera vez en el censo del 2007. Las líneas amarillas son las líneas de vuelo de aviones de fumigación registradas automáticamente, que SIMCI superpone sobre la imagen satelital utilizada para identificar las parcelas de coca. La imagen se utiliza para demostrar los ajustes hechos de acuerdo con los datos de fumigación aérea entregados por el DIRAN.

(UNODC, 2008)

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Figura 5: Imágenes del Censo de Coca de la UNODC del 2004 mostrando la recolección de datos durante vuelos de verificación.

(UNODC, 2005)

El proceso de detección de coca y evaluación de SIMCI involucra cinco pasos que han cambiado poco con el tiempo: 1) recolección de imágenes, 2) clasificación de la cobertura terrestre, 3) interpretación visual, 4) verificación y 5) correcciones o ajustes.

 

En el primer paso, se recopilan imágenes satelitales públicas (no comerciales) a escala nacional para garantizar la cobertura más completa posible durante el año del censo. El método SIMCI se basa principalmente en los datos de los satélites Landsat de USGS/NASA, que ofrecen una resolución espacial de 30 metros por píxel,  el ancho y alto de cada píxel proyectado en el suelo. Además, para mejorar la cobertura espacial y temporal, se emplean en menor medida otros satélites y sensores como SPOT (Francia), ALOS (Japón), Terra ASTER (Japón/EE. UU.) e IRS (India). Estos sistemas proporcionan resoluciones que varían entre una resolución de 10 y 30 metros. Las imágenes recopiladas son multiespectrales, compuestas por varias bandas que representan diferentes longitudes de onda, como infrarrojo cercano, rojo, azul y verde.

 

Los pasos 2 y 3 corresponden al análisis de imágenes, que utiliza dos métodos principales:

A. Clasificación supervisada: esta es una clasificación algorítmica que identifica automáticamente áreas de cultivo de coca basándose en datos de entrenamiento.

B. Interpretación visual dentro de estas áreas ya clasificadas.

El cuarto paso, llamado verificación, produce un estimado porcentual de la precisión del estudio y consiste en confirmar que las parcelas de coca detectadas en las imágenes existen realmente. En un principio, esto se hacía  con trabajo de campo y vuelos de verificación. Más adelante se complementó con imágenes satelitales de alta resolución, que permitieron identificar cultivos pequeños.  Durante el Plan Colombia, la verificación se basaba principalmente en fotografías aéreas tomadas desde los aviones de fumigación. Hasta 2015, cuando se suspendió la fumigación, la Policía Nacional (DIRAN) entregaba cada año estos datos al SIMCI, incluyendo información de misiones terrestres que se incorporaba al proceso de verificación. Como la metodología de SIMCI/UNODC depende de los datos sobre erradicación para su verificación, cualquier intento por replicar este método requeriría acceso a esos datos sobre rutas de vuelo y fechas, que como describimos en la Parte I no son públicos.

El quinto paso son las correcciones, que ajustan las estimaciones para compensar problemas como nubes en las imágenes y diferencias de tiempo entre la toma de imágenes y los eventos de erradicación (cuando las imágenes recolectadas no capturaron los efectos de un evento de erradicación). Desde 2010, SIMCI incorporó en sus correcciones cultivos de menos de 0,25 hectáreas que no se detectaban con el método estándar. Sin embargo, los vacíos temporales entre los datos siempre han sido un problema mayúsculo.  Dado que las imágenes satelitales con frecuencia se adquirían meses antes de la fecha de cierre del censo (31 de diciembre), los analistas debían proyectar el crecimiento esperado de los cultivos usando tendencias observadas en meses anteriores. Para esto, los analistas estimaron la tendencia en expansión de coca registrada en imágenes recolectadas de varios meses, y luego extrapolaron este crecimiento mensual entre la fecha de toma de las imágenes y la fecha final del censo.

El efecto acumulado de estas correcciones fue un incremento consistente en el área de coca reportado que oscila entre 8% y 17% entre 2002 y 2014, mientras que el censo del 2015 mostró la menor corrección con un incremento del 2%. Es importante resaltar el rol de estas correcciones en sobrecalcular el área de coca, ya que fueron aplicadas después de que la verificación fuera hecha y sin embargo presenta un incremento notable en la estimación de áreas cultivadas cada año.

Dadas las limitaciones sustanciales en su metodología (disponibilidad de imágenes y resolución, nubes, parcelas pequeñas, etc.), las afirmaciones de SIMCI de alta precisión en la detección de coca son problemáticas. Su precisión reportada ronda el 89% a través de los informes, lo cual es una precisión excepcionalmente alta considerando, por ejemplo, que en análisis mucho menos complicados de deforestación anual en Colombia suelen producirse tasas de precisión similares o incluso menores detectando pérdida de bosque.

Lo que es claro leyendo las descripciones de la metodología de SIMCI a través de los años, es que los analistas repetidamente hacen todo lo posible para evitar reportar que carecían de los datos necesarios para realizar su análisis. Esto es significativo ya que lleva a un sistema de correcciones complejo, a menudo confuso, y algunas veces problemático para compensar por los vacíos en sus conjuntos de datos. Los vacíos pueden ser espaciales (falta de imágenes), temporales (falta de imágenes en tiempos específicos en el ciclo de crecimiento y cosecha de la planta de coca), relacionado a nubes (falta de visuales despejadas de la coca) o relacionados a la erradicación (falta de imágenes que capturen y verifiquen el efecto de la erradicación o el recrecimiento). La falta de datos, incluídos los factores listados anteriormente, son comunes en el análisis de imágenes satelitales, y podrían comunicarse como una contribución a la incertidumbre general de un análisis, en lugar de mitigarse a toda costa,  a veces sobre bases conceptuales inestables. Sin embargo la metodología de SIMCI requiere que los vacíos de datos sean llenados y cubiertos, sin consideración sobre cómo ésas correcciones influencian el margen de error de estimaciones posteriores.

Aprendizaje profundo de Imágenes Satelitales – Métodos y Hallazgos

Tomando cuatro departamentos de la región Andes-Amazonas -Putumayo, Caquetá, Guaviare y Meta-, comparamos el área cultivada de coca entre 1999 y 2019.  Utilizamos las cifras reportadas por SIMCI y un modelo de análisis basado en Aprendizaje Profundo (Deep Learning), construído por el Profesor Paulo Murillo Sandoval y recientemente publicado en la revista Nature (Murillo et al., 2023). El modelo emplea imágenes satelitales Landsat en la cuenca amazónica y fue diseñado principalmente para diferenciar los cultivos de coca de las áreas de pastizales, documentar apropiadamente los patrones de deforestación y sus causas subyacentes. El modelo puede identificar ubicaciones de cultivos de coca gracias a diferencias espaciales, espectrales y temporales, y resulta muy eficaz para clasificar patrones del paisaje. Fue entrenado con registros oficiales de coca del SIMCI en parques nacionales y verificado mediante imágenes de alta resolución disponibles en Google Earth. Este modelo alcanzó una precisión espacio-temporal de detección para las parcelas de coca superior al 68 %.

Figura 6: Colección de gráficos mostrando la diferencia entre cultivos de coca anuales reportados por SIMCI, nuestros resultados de deep learning (DL), y los reportes de fumigación aérea por cada departamento según fueron reportadas por DIRAN.

(Los Autores con Plano Negativo, 2025)

La comparación de estos resultados con las cifras de SIMCI sugiere que el área de coca reportada por SIMCI en estos cuatro departamentos es entre un 93 % y un 901 % mayor que el área detectada por nuestro modelo de aprendizaje profundo en los años de mayor discrepancia (1999-2005, según el departamento). Esta sobreestimación por parte de SIMCI es tan grande que no puede explicarse con los datos disponibles, ni interpretarse como consecuencia del margen de error de nuestra metodología. Nuestra hipótesis es que los datos de SIMCI de principios de los años 2000 presentan errores significativos, con aumentos y disminuciones abruptas entre 2000 y 2002, asociados a enfoques metodológicos que sobreestimaron la detección de coca y posiblemente amplificaron estimaciones incorrectas de años anteriores. 

Los datos de SIMCI a partir de 2005 son algo más consistentes con nuestras estimaciones, con excepción del área de coca en Putumayo, que muestra un incremento pronunciado entre 2014 y 2017, y en Caquetá donde se estima un aumento menos exagerado entre 2013 y 2018. Ambos incrementos no son consistentes con nuestros resultados. 

Figura 7: Hectáreas sembradas de coca en todo Colombia según cifras reportadas por SIMCI y el Departamento de Estado de EE. UU., comparado con una versión ajustada de SIMCI usando nuestro método de deep learning en 4 departamentos.

(Plano Negativo, 2025)

Si nos alejamos hacia la escala nacional, podemos ver los impactos de las sobreestimaciones de estos cuatro departamentos en los totales de todo el país. Al restar las sobreestimaciones de los cuatro departamentos de este estudio de las hectáreas de coca a nivel nacional reportadas anualmente por el SIMCI, podemos ver cómo estas discrepancias en solo cuatro de los 32 departamentos producen una diferencia muy significativa en la narrativa de aumentos y disminuciones dramáticos de coca a nivel estatal. Para la cifra reportada de 160.119 hectáreas en 1999 por el SIMCI, por ejemplo, encontramos una discrepancia de 95.420 hectáreas, lo que hace que más de la mitad de las hectáreas reportadas sean inexistentes (asumiendo que las cifras en el resto de los departamentos reportados no estuvieran sobreestimadas también).

Las implicaciones políticas de datos de coca inexactos

Es importante examinar  las implicaciones políticas de la sobreestimación de la coca en los inicios del Plan Colombia en el cambio de siglo, cuando se intensificó la fumigación aérea y la militarización en las regiones cocaleras. En esta coyuntura, los datos de SIMCI soportaron la afirmación de que el escalamiento masivo de la campaña de fumigación estaba funcionando, ya que el área total de coca disminuía cada año.

 

Las tendencias en el cultivo de coca muestran un aumento sostenido que puede rastrearse varias décadas atrás en Colombia. No obstante, estas mismas tendencias no respaldan la idea de incrementos abruptos ni de auges en la producción, argumentos que han servido para justificar políticas antinarcóticos violentas —como las fumigaciones, las incursiones militarizadas y, más recientemente, la descertificación de Colombia por parte de los Estados Unidos. Nuestro estudio es evidencia de la necesidad urgente de una investigación independiente de los métodos del SIMCI/UNODC para proporcionar transparencia y rendición de cuentas en la elaboración de sus informes anuales. El método de SIMCI/UNODC tiende a llenar los vacíos de datos de manera agresiva, lo que conduce a fluctuaciones erráticas y probables sobreestimaciones, particularmente cuando la cobertura satelital o la resolución espacial son limitadas. Si bien los refinamientos técnicos han mejorado gradualmente la detección de parcelas de coca, los detalles metodológicos específicos siguen estando escasamente documentados. Tras la controversia más reciente en torno a sus métodos, sólo arroja más dudas sobre la precisión de los datos, incluso después de estas supuestas mejoras técnicas.

 

Tal como están los datos al día de hoy, es cuestionable que siquiera sea posible evaluar las políticas antinarcóticos sin una imagen precisa de cómo  han afectado el cultivo de coca. Debido a la capacidad de las cifras reportadas para alterar drásticamente el panorama político y justificar la intensificación de la Guerra contra las Drogas, los métodos para evaluar los llamados cultivos ilícitos deberían, como mínimo, estar sujetos a los estándares normales de escrutinio y revisión científica. Con los Estados Unidos amenazando a la región con una escalada de violencia en nombre de la Guerra contra las Drogas, los intereses geopolíticos son altos; el público colombiano merece total transparencia sobre cómo se ha justificado y perpetuado esta guerra durante las últimas décadas. 

Recursos
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UNODC figura 1
UNODC-Figura 3
UNODC-Figura4
UNODC-Figura-5

Colección de informes de Monitoreo de Cultivos de Coca de la UNODC (2002-2023)

Publicación original de la cual el conjunto de datos de aprendizaje profundo fue utilizado, validado y revisado por pares. Murillo-Sandoval, P. J., Kilbride, J., Tellman, E., Wrathall, D., Van Den Hoek, J. & Kennedy, R. E. (2023). The post-conflict expansion of coca farming and illicit cattle ranching in Colombia. Scientific Reports, 13(1), 1965.

Figura 8: Recorte del artículo del periódico El Tiempo del 18 de Marzo de 2003, citando una reducción significativa de cultivos de coca en los departamentos siendo fumigados (Putumayo, Meta y Caquetá) entre 2000-2002. Nuestro método, mientras muestra cifras de hectáreas cultivadas dramáticamente menores, también muestra un leve incremento (envés de una reducción) en los cultivos de coca para estos tres departamentos durante estos años.

(El Tiempo, 2003)

Es importante examinar  las implicaciones políticas de la sobreestimación de la coca en los inicios del Plan Colombia en el cambio de siglo, cuando se intensificó la fumigación aérea y la militarización en las regiones cocaleras.

Si bien las Naciones Unidas y sus programas son independientes —con un mandato que les prohíbe interferir en la política interna de un país, las cifras anuales de hectáreas de coca cultivadas que produce tienen impactos que van más allá de las fronteras de Colombia, influyendo en las políticas internacionales antidrogas, la evolución de la Guerra contra las Drogas y sus intersecciones con el conflicto armado interno. Recientemente, la metodología de detección de coca del SIMCI/UNODC ha sido objeto de escrutinio por otro aparente aumento “explosivo” en el cultivo. En esta ocasión se reportó un incremento del 53 %  en la producción potencial de cocaína coca en 2023, desatando un escándalo cuando se descubrió que el rendimiento de la región Pacífico no había sido medida desde 2019, lo que significa que este aumento no ocurrió en el transcurso de un año, sino en realidad durante los cinco años anteriores. La UNODC aún no ha dado una razón clara de por qué presentó los datos de esta manera y por qué no midió los rendimientos de la región durante cinco años consecutivos. Esta controversia ha provocado un debate público sobre los métodos que emplearon para detectar coca en los últimos años. Nuestros hallazgos sugieren que las fallas de su metodología, de hecho, se remontan a los inicios del programa y han tenido consecuencias nefastas para las comunidades y paisajes de Putumayo, Caquetá, Guaviare y Meta, que han soportado la violencia de las políticas implementadas a través del Plan Colombia (testimonios recogidos en Putumayo pueden ser vistos en la Parte III).

En esta investigación comparamos el área cultivada de coca reportada por SIMCI entre 1999 y 2019 con nuestro nuevo conjunto de datos, que usa una arquitectura basada en redes neuronales artificiales (Deep Learning) para clasificar imágenes satelitales y detectar pixeles asociados a parcelas de coca en imágenes Landsat disponibles públicamente de Putumayo, Caquetá, Guaviare y Meta, los departamentos de la Amazonía colombiana de mayor concentración del cultivo de coca tanto históricamente como en la actualidad. Nuestros resultados exponen que los problemas estructurales de las metodologías de producción de datos han impulsado la Guerra contra las Drogas desde sus inicios, revelando una marcada sobreestimación de la producción de coca a principios de la década de 2000. Esta sobreestimación es más grave durante el inicio del Plan Colombia (2000-2005), con grandes diferencias entre nuestros métodos y el de SIMCI (las mayores diferencias se pueden ver en Putumayo y Caquetá, que oscilan entre el 901% y el 454 %).

El Plan Colombia fue un paquete multimillonario de ayuda militar y económica de Estados Unidos, una estrategia contrainsurgente que tuvo a la fumigación aérea con herbicidas como táctica central. Las sobreestimaciones de coca durante el inicio del Plan Colombia dieron la falsa impresión de una “explosión” de los cultivos, alimentando una lógica de crisis que contribuyó a justificar la erradicación intensiva en la región, el aumento de la militarización y la criminalización de las comunidades campesinas, algo que continúa hasta el presente. De manera significativa, la erradicación forzada de coca se dirigió hacia los cuatro departamentos de nuestro estudio, convirtiéndolos en algunas de las regiones más fumigadas del país. La sobreestimación del cultivo de coca durante esos años produjo una imagen distorsionada de la campaña de erradicación, presentándola como un éxito. Ello se debe a que, a partir de un supuesto pico definido con métricas inexactas, las cifras de coca cultivadas parecen desplomarse justo en los años de fumigación intensiva.

Lo que es claro leyendo las descripciones de la metodología de SIMCI a través de los años, es que los analistas repetidamente hacen todo lo posible para evitar reportar que carecían de los datos necesarios para realizar su análisis.

Tal como están los datos al día de hoy, es cuestionable que siquiera sea posible evaluar las políticas antinarcóticos sin una imagen precisa de cómo  han afectado el cultivo de coca.

Comparar los datos de fumigación proporcionados por la Policía Nacional con los datos de SIMCI revela otra dimensión de las consecuencias de estas sobreestimaciones. Esto es especialmente evidente en Putumayo, donde SIMCI reportó 66.022 hectáreas cultivadas en el año 2000 (en el censo publicado en 2001), diez veces más que nuestra estimación de 6,595 hectáreas. Por su parte, DIRAN informó que fumigó 71.891 hectáreas en el departamento en 2002, una cifra superior al dato ya sobreestimado del año 2000. Dado que SIMCI publica sus censos a mediados del año siguiente, la Policía habría estado usando los datos del año 2000 a comienzos de 2002. El censo de 2003 de SIMCI reportó que en 2002 el departamento solo tenía 13.726 hectáreas de coca. En 2002, nuestro método detectó solo 8.538 hectáreas, un ligero aumento respecto a 2000, pero muy lejos de las 71.891 hectáreas que la Policía afirma haber fumigado. Con discrepancias tan extremas, surge la pregunta: ¿qué estaba fumigando realmente la Policía ese año?

Datos utilizados para comparación entre medidas de cultivos de coca por departamento de SIMCI y nuestro método de deep learning entre 1985 y 2019, junto a cifras de hectáreas de fumigación aérea reportadas por la DIRAN.

Datos utilizados para comparación entre medidas de cultivos de coca por el Departamento de Estado de EE.UU., las medidas de SIMCI, y las medidas de SIMCI menos las discrepancias detectadas en nuestro estudio de cuatro departamentos.

Falta de Luz

Falta de Luz, Hannah Meszaros Martin, 2020

Falta de Luz, Hannah Meszaros Martin, 2020

Falta de Luz, 23 min. (Hannah Meszaros Martin, 2020)

“Como unos tres días de ahí comienza ahí a amarillear y ya, se sigue amarillando hasta que se seca, por lo menos el plátano, el chiro, eso es algo muy delicado. El maíz al menos no necesita casi ni fumigarlo. Cuando ya viene la fumiga por abajo, con la brisa o el olor, que será que lleguen él ya se va a muriendo.”

En agosto de 1983, la Administración para el Control de Drogas de EE.UU. (DEA) produjo un video corto sobre su programa nacional de erradicación de marihuana utilizando el herbicida Paraquat. El vídeo registraba un experimento, filmado en el Parque Nacional Chattahoochee en las montañas de Georgia, en el que plantas de marihuana eran rociadas con el herbicida muriendo lentamente mientras eran custodiadas por agentes federales.

 

El objetivo del experimento era demostrar, particularmente al gobierno de Colombia, que la erradicación de los llamados cultivos ilícitos mediante herbicidas era la forma de ganar la guerra contra estas plantas proscritas y sus derivados narcóticos.   

 

Fragmentos del material original utilizado para el video del experimento reposan en la colección de registros de la DEA (1915-1993) de los Archivos Nacionales de los Estados Unidos. En este archivo se encuentran los registros de la destrucción de diferentes plantas criminalizadas como marihuana,  amapola y coca, presentando las técnicas para aniquilarlas: a veces son quemadas en masa, otras taladas con machetes y, en ocasiones, rociadas con químicos desde aviones.

El video en su totalidad no se encuentra en el archivo, aunque sí se pueden ver fragmentos del material original usado para realizar el video con el que se intentó convencer a Colombia para usar herbicidas como método de erradicación. Falta de Luz (2020) parte de este punto de entrada: de la película perdida de un experimento olvidado en las montañas de Georgia en 1983.

 

En junio de 1984, un año después de la producción del video de la DEA, el recién nombrado Ministro de Justicia de Colombia, Enrique Parejo González, otorgó la primera autorización para fumigar cultivos de marihuana en la Sierra Nevada de Santa Marta, ubicada en la costa caribeña del norte del país, utilizando glifosato. Esta fumigación en la Sierra Nevada fue también un acto de experimentación, el primero de muchos cuya documentación también está ausente en el archivo de la violencia ecocida de los herbicidas. Eventualmente, a principios de la década de 1990, la práctica de la aspersión aérea se formalizó y Colombia continuó usando glifosato en la erradicación forzosa incluso después de que su uso desde aviones fuera suspendido en 2015, luego de que un informe de la Organización Mundial de la Salud calificara la sustancia como un probable cancerígeno. Después de 2015, la práctica de erradicación continuó a nivel terrestre, con policías rociando la sustancia mediante aspersores de espalda, lo que a menudo produce enfrentamientos violentos entre la policía y los campesinos.

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Fotograma de video: Un hombre uniformado, utilizando gafas de sol de aviador habla a un grupo que no podemos ver. La cámara se aleja mientras él habla, revelando otro hombre uniformado a su izquierda. El hombre hablando sostiene una carpeta a su lado. Un helicóptero es visible, parqueado en el fondo.

(Hannah Meszaros Martin, 2020)

En el corto, el material de archivo de la DEA y los testimonios recolectados en Colombia se dividen en cuatro partes. La primera sección está construida con fragmentos del evento de erradicación en Georgia, intercalados por una pantalla negra y por el ruido de video que devora lentamente las imágenes. El rudio de la película y su degradación material sirven como otro registro de la violencia: una forma de violencia que se oculta, se oscurece y se borra a sí misma.

 

La segunda parte combina imágenes de noticieros sobre las secuelas de la controversia por la fumigación en Georgia. Campesinos indignados relatan a los reporteros que no recibieron aviso previo, que solo tuvieron quince minutos de advertencia para alejarse, que algunos árboles y cultivos parecían dañados y que se sintieron traicionados.

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Fotograma de video: Un helicóptero rocía sobre los bosques del Parque Nacional Chattahoochee

(Hannah Meszaros Martin, 2020)

Un agricultor, de pie en medio de su maizal, le dice al camarógrafo: “If you could have seen this field a week ago today, you would never have dreamed that this is the same field today. It's just unbelievable, what it's done.” (Si hubiera podido ver este campo hace exactamente una semana, nunca habría imaginado que es el mismo campo hoy. Es simplemente increíble lo que ha hecho.)

Sus voces son cortadas e interrumpidas por testimonios de Colombia recopilados durante el trabajo de campo en la región del Putumayo, situada a lo largo de la frontera con Ecuador, y una de las regiones más fumigadas del país. Álvaro, un campesino que ha vivido muchos años de erradicación, me explica detalladamente cómo mueren sus plantas:

 

“Como unos tres días de ahí comienza ahí a amarillear y ya, se sigue amarillando hasta que se seca, por lo menos el plátano, el chiro, eso es algo muy delicado. El maíz al menos no necesita casi ni fumigarlo. Cuando ya viene la fumiga por abajo, con la brisa o el olor, que será que lleguen él ya se va a muriendo.”

Estos paisajes secos y muertos forman parte de la memoria estructural de la guerra en la Amazonía Colombiana. Vivir en este entorno significaba estar sometido a casi tres décadas de fumigación aérea continua.

El glifosato actúa mediante la desecación extrema: la planta se seca hasta morir. Estos paisajes secos y muertos forman parte de la memoria estructural de la guerra en la Amazonía Colombiana. Vivir en este entorno significaba estar sometido a casi tres décadas de fumigación aérea continua. Un Taita que fue grabado en una ceremonia de yagé en 2012, describió la experiencia simultánea de la planta y el ser humano en relación al herbicida, ilustrando el continuo de violencia a través de los cuerpos humanos y no humanos:

 

“Uno siente también cómo se seca la plantica, uno también empieza a secarse.”

 

En la grabación, preguntamos: ¿Cómo es el aspecto de las plantas cuando están enfermas?

 

El Taita responde: “Ella muestra, y también se sienten, como secarse, las hojitas también como achantaditas.”

 

En la película, la pantalla negra se disuelve a otra pantalla negra, y comienza la tercera parte.

Fotograma de vídeo: un barril de petróleo Mobil yace abandonado al lado de un laboratorio de cocaina destruído.

(Hannah Meszaros Martin, 2020)

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La cámara emerge del negro, apuntando hacia el cielo, escaneando. Hay una estructura destruida, quemada, árboles y un denso matorral. El narrador es el camarógrafo: un agente de la DEA.

 

Él dice: “I can hear the helicopters from above and can't see 'em too much. Unless they fly in the right area, of course, if you fly over there you couldn't even see the lab.” (Puedo oír los helicópteros arriba y no los veo mucho. A menos que vuelen por la zona correcta, por supuesto, si vuelas por allá, ni siquiera podrías ver el laboratorio).

El momento previo a la llegada de los herbicidas a los paisajes de Colombia se fusiona con la experiencia de quienes también conviven con los químicos acumulados en sus fincas, en el agua y en sus cuerpos. Estos dos mundos en colisión se unen para contar una historia sobre cómo la guerra contra las drogas es también una guerra contra el mundo natural.

Lentamente comprendemos que estamos en un laboratorio de cocaína destruido en una ubicación no revelada en Colombia. Él narra la escena mientras se mueve entre los escombros; describe al espectador los distintos químicos que encuentra, enfocando su lente en cada barril vacío como si fueran piezas de evidencia que construye dentro de una historia sobre los químicos en la producción de cocaína. La cámara hace una panorámica hacia un barril amarillo desechado con inscripciones que yace en el suelo.

 

Él dice: “Local, local company here. We also have...Dow Chemical.” (Empresa local, local aquí. También tenemos... Dow Chemical). Hace un zoom a una etiqueta de Dow Chemical, luego a una de Mobil Oil. Los nombra todos para el espectador. Vemos muchos de estos barriles desechados apilados en el bosque.

Dentro del laboratorio destruido, filma un contenedor amarillo en la oscuridad. La cámara se desplaza hacia la penumbra mientras el narrador habla sobre lo que ve. Nosotros, como espectadores, apenas podemos distinguir las imágenes en la pantalla.

 

Entonces, un oficial militar colombiano pregunta: “¿Falta de Luz?”.

 

El agente de la DEA responde en voz baja y distraído: “No”. Ya no podemos ver la imagen entre el grano de la película.

 

El agente de la DEA camina lentamente a través del denso matorral. Escuchamos el crujir de la vegetación bajo sus pies. Se detiene para filmar una lona negra que cubre algo oculto entre la maleza. Mientras filma la cubierta negra, el ruido de la cinta analógica dañada comienza a disolver la imagen, cubriendo la lona.

 

La imagen se disuelve en una vista aérea, la parte final del video. Volamos hacia el laboratorio destruido mientras el agente de la DEA filma por la ventana. Hay árboles blancos y delgados que el helicóptero rodea una y otra vez. Se convierten en un borrón de amarillo y blanco. Al descender, nos acercamos más y más a la copa de los árboles.

 

En el montaje final de imágenes de archivo, los mundos de las montañas de Georgia y los paisajes de la Amazonía colombiana colisionan. El grano de la película se expande y el ruido consume la imagen.

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La película construye un juego de temporalidades y geografías tóxicas. Formando un diálogo entre las sustancias químicas utilizadas para erradicar las plantas. El momento previo a la llegada de los herbicidas a los paisajes de Colombia se fusiona con la experiencia de quienes también conviven con los químicos acumulados en sus fincas, en el agua y en sus cuerpos. Estos dos mundos en colisión se unen para contar una historia sobre cómo la guerra contra las drogas es también una guerra contra el mundo natural.

Fotograma de vídeo: La última toma del video, grabado desde un helicóptero de vuelta en las montañas de Georgia, vemos un equipo de erradicadores mientras ellos se mueven dentro de la vegetación frondosa, la cámara se acerca mientras perdemos vista de ellos, justo bajo la copa de árboles.

(Hannah Meszaros Martin, 2020)

Equipo

 GUAVIARE 

Investigación liderada por

Hannah Meszaros Martin

Paulo Murillo Sandoval

Investigadores

Pedro Sánchez

Camilo Garcia

Luis Diego Arias Campos

Investigación con percepción remota satelital

 Paulo Murillo Sandoval

Pedro Sanchez

Concepción de diseño 2D y 3D

Camilo Garcia

Apoyo en la investigación

Oscar Pedraza

Nadia Méndez

Jamon van den Hoek

Gustavo Adolfo Niño Rojas

Sofia Prado

Maria Fernanda Vaca

El Píxel y La Parcela (2025)

Dirigida por

 Hannah Meszaros Martin

Guión

Hannah Meszaros Martin

Camilo Garcia

Animación

Camilo Garcia

Sofia Prado

Montaje

Andrés Jurado

Narración

Andrés Jurado

Diseño sonoro

Andrés Jurado

Asesoría de guión

Oscar Pedraza

Paulo Murillo Sandoval

Andrés Jurado

Cámara

Hannah Meszaros Martin

Alejandro Jaramillo

Productor de campo

Gerald Bermudez

Subtitulación

Maria Fernanda Vaca

 DATOS UNODC 

Autores

Hannah Meszaros Martin (Plano Negativo)

Paulo Murillo Sandoval (Universidad de Tolima)

Jamon Van Den Hoek (Oregon State University)

 FALTA DE LUZ 

Falta de Luz (2020)

Dirigida por

Hannah Meszaros Martin

Montaje

Manuel Correa

Hannah Meszaros Martin

Diseño sonoro

Emil Olsen

Banda sonora

Mhamad Safa

Entrevista ‘Taita’ en colaboración con

Asicaz Monzón-Aguirre

Consultora de archivos

Emily Coxe

 APOYO 

Realizada con el apoyo de

Porticus Foundation

Antipode Foundation Ltd.

Mellon Foundation

The Center for Creative Ecologies at the University of California Santa Cruz

 AGRADECIMIENTOS 

Agradecimientos especiales a

Fundación Paiz

La Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición 

Forensic Architecture

Michael Evans and The National Security Archives

La Vulcanizadora

Manuel Correa

Nick Masterton

Ariel Caine

Kishan San

Fernanda Barbosa

Folco Zaffalon

Alejandro Valencia Villa

Martín Martínez

Edinson Arroyo 

Brett Story

Nicolás Pereda 

The Center for Ethnographic Media Arts

El Consejo Regional Indígena del Cauca

Edinson Ivan Arroyo Mora

 

Jessica Marsden por su apoyo en el proceso de la FOIA

 

A todas aquellas personas que colaboraron en la verificación de los centroides de erradicación en Guaviare y que optaron por mantener el anonimato

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